No faltan voces que culpan a los adolescentes por las situaciones de violencia que ellos protagonizan. Pero, en realidad, debemos comprender que estos hechos son síntomas de algo que sucede a nivel macro, del conjunto de la sociedad. No podemos echar toda la culpa a los chicos. En todo caso, deberíamos preguntarnos qué ocurre con nosotros como adultos, qué mensaje le estamos dando a la juventud.
Solemos mirar al adolescente como a una caricatura, como al despreocupado, como al violento. Pero en el ataque a mazazos de una mujer a otra, ocurrido recientemente en Buenos Aires, tenemos un ejemplo de que la violencia no es privativa del joven. Por ello, no debe recaer en la adolescencia la responsabilidad por estos episodios. Los chicos reflejan el comportamiento de los adultos. Nosotros debemos preguntarnos dónde estamos parados y qué les estamos mostrando.
Llama la atención que antes estos casos sólo ocurrían entre varones, y que ahora las mujeres cobraron protagonismo. Hoy en día, la violencia también se da entre chicas; y hasta se conformaron patotas. Pero aun cuando este fenómeno merezca ser analizado en profundidad, lo primero es dejar de relacionar la violencia con el adolescente.
Por otro lado, día a día, en la escuela Normal interactúo con adolescentes que apelan a la palabra, al debate; y cada vez en mayor número participan en las olimpíadas de Filosofía, por ejemplo, o en foros de discusión que emulan a la ONU. Del mismo modo que se habla de la violencia entre adolescentes debería hablarse de los chicos que ejercitan el diálogo.
No podemos echarles toda la culpa a los chicos
Por Julieta Teitelbaum - lic. en filosofia - Prof. de la Esc. Normal